martes, 8 de enero de 2013

El mejor gobernante del mundo



- ¡Mamá, cuando sea grande, quiero ser presidente!- dijo Luisito, un simpático niño de ocho años, a su madre.
- ¿Y por qué quieres ser presidente?- respondió ésta.
- Pues para que todos hagan lo que yo quiera y para tener mucho dinero y viajar a todas partes del mundo y todo eso...- contestó el niño.
Muchos adultos piensan como este niño, creen que ser gobernante de una nación implica toda clase de beneficios personales, más que ninguna otra cosa. Es verdad que la gran mayoría de ellos, cuando terminan su período, se llevan los bolsillos muy gordos, pero también, gran cantidad de canas en su cabeza. Gobernar un país no es nada simple, es una gran responsabilidad que no cualquiera es capaz de asumir.
Hay personas que critican a todo hombre que se siente en el sillón presidencial, durante y después de su mandato, siendo que ellos mismos no pueden dirigir ni sus propias familias. Los presidentes son las personas más severamente juzgadas por sus propios compatriotas y hasta por el resto del mundo. Son las personas de quienes más se espera, a quienes más se exige y en donde están puestos todos los ojos. Cuando a la ciudadanía no le parecen las cosas, ¡el culpable es siempre el presidente!
Un presidente encuentra muchas piedras en el camino, empezando por la más grande, que se llama oposición. El solo hecho de que un mandatario, pertenezca a un partido contrario a las preferencias de algunos, eso ya es motivo de ataque, críticas y protesta, obstaculizando así el ejercicio de sus funciones. ¿Quién puede trabajar satisfactoriamente en estas condiciones? El capitán de un barco, no puede llevar el control, teniendo tripulantes que inciten a motín a su alrededor. En estas circunstancias, el barco puede acabar hundiéndose y se pueden perder muchas vidas.
Un gobernante necesita el apoyo de la sociedad, con el enfoque a un objetivo común: la patria, sin importar los colores políticos. Eso sería actuar con madurez. La rebeldía en contra de las autoridades, da por resultado el aumento de los problemas, no la solución de los mismos.
La Palabra de Dios dice: "Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas" (Romanos 13:1). Cuesta creer que algunas autoridades hayan sido elegidas por la voluntad de Dios, cuando vemos tanta corrupción dentro de la política, tanto abuso y tanta injusticia, pero Dios para todo tiene un propósito y en eso debemos confiar.
Salomón fue el rey más sabio y próspero de sus tiempos. Dios lo llenó de bendiciones, porque él no le pidió riquezas ni gloria, sino sabiduría para gobernar a su pueblo (ver 2 Crónicas 1:10-12) El mejor presidente actual sería aquel que siguiera el ejemplo de Salomón. Alguien cuya confianza estuviese puesta en Dios y no en sus propias capacidades. Salomón reconocía su insuficiencia, sus límites y su dependencia de Dios. Reconocía que necesitaba de Su sabiduría para gobernar bien y tuvo  recompensa de parte de El. No puede haber mejor gobernante que aquel que su vida esté gobernada por Dios. Esto sería garantía absoluta de integridad y confianza, lo cual hace mucha falta a la mayoría de los políticos con puestos importantes en el gobierno y a los gobernantes mismos. Los pueblos necesitan buenos gobernantes, los gobernantes necesitan la sabiduría divina, para saber tomar buenas decisiones y gobernar con justicia. Pero lamentablemente, la mayoría de ellos está lejos de Dios, esto lo podemos notar en el panorama mundial. Mientras mantengan a Dios fuera de los palacios de gobierno, se seguirá gobernando en base a la limitada sabiduría humana, lo cual no es muy alentador.

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