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miércoles, 6 de abril de 2016

DE MUJERES Y DE PLANTAS


A la mayoría de las mujeres nos gustan las plantas y las flores, tenerlas en casa para alegrar el ambiente es una costumbre muy sana y además decorativa. Las mujeres podríamos compararnos con las plantas en algunos aspectos: las mujeres necesitamos cuidados, las plantas también, las mujeres somos un instrumento para dar vida, las plantas generan nuevas vidas. Las mujeres somos delicadas y frágiles, las plantas igualmente lo son.
La belleza está asociada al género femenino, como también está asociada a las plantas y a las flores, como parte de una naturaleza maravillosa en toda su extensión. Hay muchas similitudes entre las mujeres y las plantas, pero también hay algunas semejanzas trágicamente negativas, como por ejemplo, que las plantas son consideradas un objeto de ornato y lamentablemente algunas mujeres también, con la diferencia de que las plantas no tienen voluntad propia, pero las mujeres sí.
Hay diversos motivos por los que una mujer se rebaja voluntariamente a la categoría de una planta de ornato, pero el que impera en un 99% es el dinero. Qué triste es ver a una mujer que exhibe su cuerpo por dinero, apoyada por una sociedad que dice: ¡Haz lo que tú quieras, sácale provecho a lo que tienes, fuera los prejuicios, todo está permitido, el fin justifica los medios! En este mundo actual ya no existen culpas ni vergüenza. Es un mundo de apariencias donde no importa si para destacar en la sociedad, se tenga que utilizar a otro ser humano como objeto decorativo o convertirse uno mismo en ello. Pero todo esto sucede porque las mismas mujeres lo permiten y algunas hasta lo propician.
Dios otorgó belleza a la mujer para atraer a su esposo, para que él encontrara deleite estando cerca de ella. La belleza femenina no es un arma, como muchas mujeres piensan, es un regalo de Dios que hay que agradecer y cuidar, pero lo que muchas mujeres han olvidado es que hay otro tipo de belleza que es más valiosa, más importante y que hay que cuidar más aún que la belleza física y ésta es la belleza del alma, la belleza que realmente vale para Dios. Ésta es la belleza que perdura, la belleza física es efímera como las hojas de una planta que caen cada año y dejan las ramas desnudas.
Una planta pierde sus hojas cada año, pero la savia sigue manteniéndola viva, hasta que llega la primavera donde la planta recupera su belleza porque Dios la vuelve a vestir con nuevas hojas y flores. Hay mujeres que se sienten vencidas, derrotadas, arrepentidas de su vida pasada, sin ilusiones porque además han perdido su belleza. Son como una planta que ha perdido todas sus hojas, pero sin esperanza de recuperarlas. Estas mujeres se visten de amargura y soledad. Pero hay esperanza para estas mujeres a quienes después de haber sacado provecho, la sociedad rechaza, porque para Dios no hay acepción de personas. Por ellas también murió Cristo. Hay esperanza de una nueva vida, una vida plena y feliz. Porque al entregar su vida a Cristo y permitir que Él la renueve, que la vista de nuevas esperanzas, ella renacerá y su vida pasada quedará atrás y olvidada para Dios. No hay pecado tan grande que Dios no pueda perdonar, excepto que se rechace a Su Hijo.
Mujer, no importa lo que viviste en el pasado, cuando recibes a Cristo en tu vida y se la entregas de todo corazón, ese pasado es borrado, son perdonados tus pecados y comienzas a vivir una nueva vida, como una nueva criatura, como una plantita llena de retoños y renovada belleza.


De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo! 2 Corintios 5:17 RVC


Angélica García Sch.

DESPUÉS DE LA TRAGEDIA


Cuando tengas un problema, no pienses en los obstáculos para solucionarlo, solo piensa que Dios puede hacerlo porque para Él no existen los obstáculos.


El olor a humo se podía sentir en varias cuadras a la redonda y a pesar de que eran las horas de la madrugada, la gente merodeaba cerca del siniestro que se había originado en la calle Delicias 245. El fuego había alcanzado a dos casas vecinas y amenazaba con extenderse a las siguientes, pero los bomberos estaban trabajando intensamente para que esto no ocurriera. Todos querían saber qué había pasado, cómo se había originado el fuego, etc.
Marta y su hija Ruth, vivían enfrente de las casas afectadas y estaban muy afligidas por la suerte que corrían sus vecinos, pero no habían querido salir a estorbar el trabajo de los bomberos, como lo hacían esas otras personas que solo estaban allí por morbo. Marta estaba muy preocupada porque se oían rumores de que había fallecido una persona, pero no sabía si se trataría de un bombero o alguno de sus vecinos. Ellas solo miraban por la ventana y oraban por los damnificados.
Unas horas después, las luces de un nuevo día iluminaron la calle que mostraba las huellas tristes del siniestro. Los bomberos se habían marchado tras haber cumplido con su trabajo, también la ambulancia y los chismosos. Pero el penetrante hedor del humo no se había ido, se había quedado allí como para recordarles a los demás habitantes de la calle Delicias que las desgracias pueden venir cuando menos se lo piensa uno.
En casa de Marta estaban los dos niños de su vecina Teresa, la de la casa de enfrente, la casa que ya no existía. Los niños eran muy pequeños para darse cuenta de lo sucedido, ellos solo sabían que su mamá y hermana estaban en el hospital porque su papá había sufrido un accidente. No había ocurrido ningún fallecimiento a consecuencia del fuego, como había murmurado la gente la noche anterior, el marido de Teresa había resultado herido, pero estaba vivo.
Hacia el mediodía regresó Teresa y comentó que su esposo había sufrido quemaduras graves al tratar de apagar el incendio y lo habían dejado hospitalizado. La mujer se atormentaba pensando en que su vida se había derrumbado en unos minutos.
-       ¡Mi marido grave en el hospital y ya no tenemos casa, ya no tenemos nada!- exclamó Teresa, sollozando.
-       Lo sé Teresa y lo siento tanto, pero no pierdas la fe…
-       ¿Cómo voy a tener fe ahora? ¡Si Dios existiera no habría permitido que esto pasara! Mi esposo está muy grave y no tengo dinero para pagar el hospital, aparte nos hemos quedado sin techo, no tenemos adónde ir, ¡nos hemos quedado sin nada, sin nada!- gritó la mujer, desesperada.
-       Teresa por favor, trata de calmarte, comprendo tu situación, pero no dejes que los niños se angustien, tranquilízate- Haciendo un gran esfuerzo Teresa se calmó, Celia, su hija mayor, la abrazaba y trataba de reconfortarla. Se daba cuenta de que todo eso era mucho para su madre, debía apoyarla y si era necesario dejaría la escuela y se pondría a trabajar, pensaba la niña.
-       Tú sabes que puedes quedarte aquí Teresa, tú y tus hijos, por el tiempo que sea necesario, así que por eso no te preocupes. Ya nos arreglaremos, conseguiremos ropa, zapatos, lo que haga falta para ustedes y comida aquí no va a faltar, cuenten con nosotras. Ya verás que con la ayuda de Dios saldrán adelante y tu marido también.
-       ¿Por qué esa ayuda no vino antes?- dijo con tristeza Teresa- A Dios no le importamos.
-       No digas eso Teresa, sí le importas tú y tu familia. No comprendemos de momento por qué Él habrá permitido esto, pero tienes que saber que todas las cosas son para bien…
-       ¿Cómo va a ser esto para bien? ¿Quién puede creer eso?
-       Ahora no lo sabemos, pero te aseguro que un día lo comprobarás Teresa. Pon tu esperanza en el Señor.
Pasaron los días. Poco a poco Teresa se había ido tranquilizando, gracias a las palabras y cuidados de Marta Y Ruth, que eran como una hermana y una hija para ella. Por las noches leían todas juntas la Biblia y Teresa había encontrado gran consuelo en la Palabra de Dios, era una clase de esperanza que se sentía de otra manera. Aunque la casa era pequeña se las arreglaban muy bien y gracias a la ayuda de los miembros de la iglesia donde asistían Marta y Ruth, a Teresa y a sus hijos no les faltaba nada, al contrario, se sentían muy a gusto conviviendo todos juntos y cooperaban en todo, con gusto.
Más tarde Teresa encontró un trabajo y Celia no tuvo que dejar la escuela como ella pensaba. Su marido progresaba poco a poco en el hospital, con un tratamiento natural para las quemaduras que no era caro, así es que la cuenta del hospital no iba a resultar tan alta como ella pensaba. Teresa fue adquiriendo fe gracias a la lectura de la Palabra de Dios, aunque todavía no comprendía por qué Dios no había impedido esa catástrofe, pero ya no lo cuestionaba. Los escombros que aún quedaban en donde estuviera su casa, le impedían olvidar lo sucedido, pero ya no se angustiaba por su situación, porque estaba viendo que era algo que tenía solución, gracias al poder de la oración. Su corazón estaba tranquilo porque pensaba: “Mi esposo está en el hospital, pero está vivo. Ya no tenemos casa, pero Dios ha dispuesto el corazón de estas vecinas para ofrecernos la suya, además de su hermosa amistad. Todas nuestras cosas materiales se perdieron, pero no son irreemplazables ni se comparan con el gran tesoro que Dios nos ha dado ahora, que es el de llegar a conocerlo a Él, gracias a Marta y a su hija.”
El día en que dieron de alta a Daniel, adornaron la casa como para fiesta y antes de empezar a deleitarse con la deliciosa comida que habían preparado, dieron gracias a Dios por la bendición de su regreso y por esa nueva y preciosa amistad.
Han pasado varios meses desde la tragedia. El esposo de Teresa regresó a su trabajo, han podido rentar una nueva casa, a la que poco a poco han ido equipando con lo necesario. Pero lo mejor de todo es que esa casa está muy cerca de la de Marta y Ruth, así que siguen siendo vecinos, pero ahora más que vecinos, amigos y todos los domingos, después de la iglesia, se reúnen para compartir juntos como una gran familia.


“Por lo tanto les digo: No se preocupen por su vida, ni por qué comerán o qué beberán; ni con qué cubrirán su cuerpo. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, y el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes mucho más que ellas?” Mateo 6:25-26


Angélica García Sch.

DEBORA, LA NODRIZA


“Allí murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel, debajo de la encina, la cual fue llamada Alón Bacut.” Génesis 35:8 RVA

A veces quizá sientes que lo que haces no tiene importancia, que cualquiera lo puede hacer, te sientes apocada, limitada, mediocre quizá, porque eres una “simple ama de casa”. En esta sociedad moderna en donde la mujer ha llegado lejos en el campo profesional y de los negocios, en el deporte, la política, las artes y prácticamente todo lo que antes era exclusividad de los hombres, ser una “simple ama de casa” llega a ser una vergüenza para muchas mujeres. Pero a Dios no le interesan los títulos profesionales ni los puestos importantes, a Él solo le interesa tu corazón.
Remontémonos a los tiempos bíblicos, a Betel, cuando Jacob recién llegaba a esas tierras con toda su familia y todos los que vivían con él. La Biblia menciona que por aquellos días murió la nodriza de Rebeca, una mujer llamada Débora y que fue sepultada al pie de Betel, bajo una encina, la cual desde entonces se llamó Alón Bacut, lo cual quiere decir la encina del llanto. Débora había sido la mujer que cuidó a Rebeca desde que era niña, ella era una criada. Seguramente se le encomendó también cuidar a los hijos de sus amos y pasó toda su vida sirviendo. Lo que es seguro es que fue una sierva fiel y querida, tanto que ya se le consideraba parte de la familia, por lo que su muerte provocó las lágrimas de la familia de Jacob y Rebeca. Tan sentida fue su partida que el árbol bajo el cual fue enterrada mereció un nombre especial.
Dios permitió que a Débora, el escritor de Génesis le dedicara un versículo dentro de las Escrituras, ¿no es esto un honor excepcional para una simple criada? Pero Dios conocía el corazón de Débora, que debe de haber sido una sierva fiel y diligente, temerosa de Dios y Él quiso que se diese a conocer su nombre y su función en la casa de Jacob. Aunque en Génesis 24:59 igualmente se hace referencia a ella: “Y así, dejaron ir a su hermana Rebeca y a su nodriza, y también al criado de Abrahán y a sus hombres”, pero no se menciona su nombre.
En la Biblia podemos ver que hubo mujeres de Dios que hicieron grandes proezas, mujeres valientes, decididas, que tuvieron un papel importante dentro de las historias bíblicas, pero también podemos ver que Dios no se olvida de aquellas quienes estuvieron detrás de esos grandes hombres y mujeres de Dios, cuyo papel fue servirles, pero no por ello tienen menos importancia para Él.
Si Dios concede el honor a Débora, nodriza de Rebeca, de ser conocida en Su Palabra, ¿no quiere decir que para Él no importan títulos ni hazañas sobresalientes? Entonces, reflexiona, si lo que tú haces es del agrado de Dios, no importa lo que diga el mundo, no importa lo que diga la sociedad. Y puedes estar segura de que encargarte de tu casa, de tus hijos y de tu esposo, es totalmente del agrado de Dios, porque Dios mismo encomendó a la mujer tal noble tarea. Así que cada vez que venga a tu mente la idea de que no eres nadie porque no tienes una profesión o un puesto importante dentro de la sociedad, acuérdate de Débora, la nodriza de Rebeca.

Angélica García Sch.


viernes, 29 de marzo de 2013

Cuando todo está en tu contra


Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza. Sólo él es mi roca y mi salvación;
él es mi protector y no habré de caer. Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece;
¡mi refugio está en Dios!  Salmos 62:5-7

 Un hombre tenía a su esposa enferma de gravedad, el día que iban a operarla, le avisaron de la escuela, que su hijo más pequeño se había caído y se había roto un brazo. Cuando llegó a su casa, se encontró con una notificación, que decía que tenía una semana para desocuparla pues ya debía varios meses de renta y para colmo, le habían cortado la luz, también por falta de pago...
¿Te has enfrentado a algo parecido? La mayoría de nosotros, cual más, cual menos, hemos pasado por circunstancias donde parece que se nos junta todo y se nos viene el mundo encima. ¿Cómo reaccionas cuando parece que tienes todo en contra... Cuando a pesar de que oras y pides la ayuda divina, todo sigue igual y no hallas la salida?
En esta vida, tanto creyentes como incrédulos, pasamos por situaciones donde nos toca sufrir, donde nos tenemos que enfrentar a circunstancias difíciles, que parecen llevarnos a un callejón sin salida. Pero existe una diferencia, entre el sufrimiento de un cristiano y el de un incrédulo. El sufrimiento del cristiano tiene un propósito muy grande, espiritualmente, para su crecimiento interior y tiene en Quién apoyarse. El incrédulo, está solo.
La clave para enfrentar los problemas está en saber esperar en Dios. Esperar en El, es confiar en Sus promesas, "El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes" (Deuteronomio 31:8). Esperar en Dios es una prueba de fe. "Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe" (Hebreos 11:7) Noé confió en Dios, a pesar de que lo que le había mandado, parecía de lo más descabellado. Construir un arca en un lugar donde nunca llovía, le significó las burlas e insultos de los demás y lo tildaron de loco, pero Noé siguió construyendo. ¡Ciento diez años tardó en terminar el arca, durante los cuales no cayó ni una gota! Pero cuando comenzó a llover tan fuerte, todos aquellos que se habían estado burlando, se asustaron y quisieron que Noé les dejara entrar, pero era demasiado tarde. ¡Que no se te haga demasiado tarde para creerle a Dios!
Esperar en Dios es descansar en El, sin angustias ni preocupaciones. Quizá el mundo te llame loco, como llamaron a Noé, pero no importa. Tú estás en paz y eso sí es importante. Si sientes que tu situación te ahorca, mantente sereno, ya sabes que Dios aflojará la cuerda. Mantente tranquilo, no te angusties. Los que no conocen a Dios, no comprenderán tu tranquilidad, a pesar de la tormenta por la que estás pasando. Hasta puede que piensen que eres un insensible o alguien a quien se le "resbala" todo. No pueden entender la paz de Dios, ya que no se puede entender en base a la razón, pues es algo espiritual. Jesús se mantuvo en completa quietud en medio de la tormenta, tanto así que iba dormido en el bote. Sus discípulos en cambio, se angustiaron y desesperaron. Jesús siempre estaba tomado de la mano del Padre, por eso podía estar tranquilo. Cuando nos soltamos de la mano de Dios, caemos fácilmente en angustia y desesperación.
Si te encuentras hoy en medio de una tormenta, mantente confiado, firme en tu fe. Espera que Dios te muestre el propósito que tiene esa prueba. Deja que El tome el control y espera que El dirija tus pasos hacia la solución. El tiempo exacto es el tiempo de Dios.
¿Cómo esperar sin desesperar? Mantente en constante comunicación con Dios. Entrégate a una vida de oración y medita en la Palabra. Pasa momentos a solas con El, te dará nuevas fuerzas para esperar y pondrá paz en tu corazón.
Aprender a esperar en Dios, te hará sentir libre de angustia, desesperación e impaciencia. Te dará esperanza, seguridad de que hay una salida real para tus problemas. Te ayudará a permanecer en paz, mientras se solucionan las cosas. No necesitarás recurrir a refugios falsos y pasajeros, como el alcohol, las drogas, etc. ¡El único refugio seguro y verdadero, cuando todo parece estar en tu contra,  son los brazos de Dios!

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7

Angélica García Sch.



Receta para subir tu autoestima



"Y creó Dios al hombre a imagen, a imagen de Dios lo creó: varón y hembra los creó" (Génesis 1:27) Este versículo de la Biblia es más que suficiente para responder a una pregunta que quizá te hayas hecho más de una vez: ¿Quién soy yo? ¿Por qué vine al mundo? Eres la obra perfecta de Dios y estás en este mundo porque fue Su voluntad que nacieras. El hecho de que tú estés aquí en este mundo, porque Dios quiso regalarte el don de la vida, significa mucho: eres importante para El. Quizá no te ha ido muy bien en la vida y pienses que no le importas a Dios, pero no es así. Tú le importas a Dios, más de lo que crees.
Es muy importante el concepto que tengas de ti mismo, porque en base a ello es como actuarás en la vida. Si tienes una baja autoestima, debes conocer el origen. Quizá de niño fuiste objeto de comparaciones entre tus hermanos o te ridiculizaban en la escuela o no eras muy bueno en los deportes o eras muy tímido, etc. Puede haber muchas razones por las que hayas crecido sintiéndote inferior, pero por muy terribles que hayan sido las circunstancias por las que hayas pasado, la opinión de ti mismo no debe ser consecuencia de lo negativo que haya habido en tu vida. Pero si es así, existe un tratamiento divino, que hará que tu autoestima suba y se mantenga en el lugar donde debe estar.

RECETA PARA SUBIR LA AUTOESTIMA

Eres obra perfecta de Dios:
"Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos..." Esto dice el Señor en Isaías 45:12. Dios te hizo con Sus propias manos y todo lo que El hace es perfecto. Aun aunque tengas un defecto físico, eres perfecto para El. Los ojos de Dios no ven igual que los ojos del hombre. Dios tiene un propósito para todo ser creado. El gran arquitecto te planeó desde el principio. Nadie nace por accidente, aunque como humanos a veces pensamos lo contrario. Tú estabas programado en Su mente, porque eres útil a Dios, El te diseñó para serle útil. ¿Para qué querría un carpintero hacer una silla que no sirviera para sentarse? ... Todo tiene una finalidad y una justificación de ser, ¡así como te hizo Dios, así le puedes servir!
Dios te ama más que nadie:
"Por que de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no se pierda, más tenga vida eterna" (Juan 3:16) La muerte de Jesucristo es la manifestación de amor más grande de Dios hacia el hombre. Cuando El entregó a Su Hijo por la humanidad, todos estábamos incluidos, no omitió a nadie, ¡tú estabas incluido, aunque aun no nacías! El te ama tanto como a Su propio Hijo. El sabía que cometerías errores, que sucumbirías a tentaciones, sabía que le fallarías en incontables ocasiones, pero aun así te amó desde antes que nacieras.
Lo que Dios espera de ti:
Para Dios somos como niños aprendiendo a caminar, caemos muchas veces, pero Su mano estará siempre presta a levantarnos. Lo importante es aceptar su dirección. Despójate de esos sentimientos que estorban para que Dios cumpla Su propósito en ti. Piensa positivamente, no pienses en tus carencias y limitaciones, sino en tus talentos y habilidades, no te subestimes, valórate, porque para Dios tienes un gran valor. No permitas que las circunstancias externas tengan más poder sobre ti, que Aquel que te hizo a Su imagen y semejanza. ¡Eres una joya preciosa para Dios!

¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies Salmos 8:4-6


Angélica García Sch.




Alcanzando un sueño


Marcela, Cristina y Rebeca, eran tres amigas con un sueño en común: llegar a ser bailarinas clásicas. Las tres sentían una gran pasión por el ballet desde que eran niñas y estudiaban en la escuela de ballet de su pueblo natal. Recorrer el mundo bailando de puntillas era su ilusión máxima. Un día, Marcela leyó en el periódico local, que en la capital del estado se había abierto una gran escuela de ballet, solo para alumnas que quisieran hacer una carrera profesional y llegar a ser bailarinas famosas. Corrió a mostrarles el anuncio a las otras. Se pusieron eufóricas y no paraban de hablar del asunto. Cada una pidió permiso a sus padres para viajar y presentarse a la prueba de admisión. Los padres cedieron ante tal entusiasmo de sus respectivas hijas. Las chicas enviaron sus solicitudes y esperaron con ansias la respuesta. Después de una semana ésta les llegó: todas habían sido aceptadas y la prueba sería dentro de tres días.
Locas de emoción se dispusieron a preparar sus maletas. Marcela tenía novio, así que tendría que informarle de su viaje. El muchacho puso el grito en el cielo, se enojó mucho y le dijo que le prohibía irse lejos. Marcela nunca pensó que reaccionara así.
- La capital no está lejos, le dijo, vendré los fines de semana- le dijo- Pero él no entendía razones y la amenazó con romper con ella si se iba.
Marcela estaba muy triste. Quería con toda su alma ir a hacer esa prueba, pero también quería mucho a su novio y no quería perderlo. Así que con dolor en su corazón, les comunicó a sus amigas que no iría a la capital. De nada sirvieron los argumentos utilizados por ellas, Marcela no cambió de opinión, renunció a su sueño. Así que llegado el día, fue a despedir a sus amigas a la central de autobuses.
Cristina y Rebeca, pasaron la prueba y se les comunicó que las clases comenzarían en tres semanas. Las chicas volvieron felices al pueblo y le contaron todos los pormenores a Marcela. Esta estaba feliz por sus amigas, pero en el fondo, sentía tristeza porque sabía que ella también podría estar gozando de esas fabulosas perspectivas. El día del llamado para comenzar las clases, nuevamente acompañó a sus amigas al autobús y las vio alejarse, con rumbo a sus sueños.
A los pocos días en la capital, Cristina conoció a un muchacho y empezó a salir con él. A veces no asistía a las clases y no estaba rindiendo como debía. La directora de la escuela de ballet la llamó para decirle que si seguía así, se vería en la obligación de expulsarla. Cristina decidió no volvió a faltar, pero el nuevo novio la distraía demasiado y ponía poca atención. Al cabo de unos días, empezó a faltar de nuevo y esas faltas se repitieron, hasta que la directora le anunció que estaba fuera. De nada sirvió que Rebeca la aconsejara, ya todo estaba perdido. Y Cristina tuvo que regresar a su pueblo, fracasada y sin nada, pues el nuevo noviecito, al saber que se regresaba al pueblo, le dijo que se olvidara de él.
Rebeca fue la única que estaba firme en su decisión de ser bailarina. Practicaba mucho y era una de las alumnas distinguidas de la escuela de ballet. Pasaron los años, en los que Rebeca viajaba cada fin de semana a ver a sus padres y amigas y les contaba los pormenores de su carrera. Estaba a punto de terminar, ya pronto vería cumplido su sueño: sería una bailarina profesional.
Y el día llegó. Marcela y Cristina asistieron a la graduación de su amiga y dentro de su corazón lamentaban terriblemente no formar parte del grupo que se graduaba. Rebeca tenía un gran futuro por delante, pues ya tenía una oferta de trabajo en una de las compañías de ballet más importantes en el país. Ella sí había sabido alcanzar su sueño.

Las personas reaccionan de diferente manera ante el llamado de Dios. Cuando en un congreso, una campaña de evangelización o en la iglesia local, se hace el llamado para recibir a Cristo, hay algunos que como Marcela, no acuden, les conceden más importancia  a las cosas terrenales, a sus intereses personales. Otros, que como Cristina, acuden, pero no son constantes, se distraen con las cosas del mundo y terminan por alejarse definitivamente y otros, como Rebeca, que responden de corazón y se mantienen firmes y constantes en el evangelio. Estos últimos son los únicos que alcanzan la meta. Si tu sueño es una vida renovada, si necesitas de las bendiciones de Dios, si anhelas Su paz, Su gracia, Su protección, persevera, que al final, tendrás tu recompensa. No te dejes dominar por las cosas del mundo, no dejes que te distraigan, por atractivas que parezcan. Mira solo hacia adelante, porque al final del camino, encontrarás el mayor tesoro, que es la vida eterna junto al Rey de Reyes y Señor de Señores.

Angélica García Sch.




La verdadera juventud


Elena es una mujer que está a punto de cumplir los cincuenta, el medio siglo, el tostón, como dicen en México. A medida de que se acerca la fecha, se pone más y más histérica. Ella es una de esas mujeres que les horroriza la idea de envejecer.
En sus intentos por detener el paso del tiempo, invierte grandes cantidades de dinero a costa del bolsillo de su pobre marido. Tratamientos rejuvenecedores, revitalizadores, antiarrugas, etc. y hasta dos cirugías plásticas para poner algunas cosas en su lugar, se ha practicado. Por supuesto que a nadie le dice su verdadera edad y si a alguno de sus hijos o a su esposo, se le sale delante de extraños, ¡pobre de él!...
El pero enemigo de las mujeres como Elena, es su propio miedo a envejecer. Aunque en estos tiempos la preocupación por la edad y la apariencia física, no se limita solo a las mujeres...muchos varones también tienen esta preocupación. Vivimos dentro de una sociedad que califica a las personas, más por su apariencia física, que por sus valores morales. Los medios de comunicación han establecido un patrón de belleza y juventud, que está fuera del alcance de la gran mayoría. Nos muestran maniquíes vivientes de menos de 45 kilos, de cutis perfecto y cabello esplendoroso, irradiando juventud a raudales. ¡Y qué decir de la moda! Las modas de hoy mandan que las mujeres cada día muestren más de su anatomía, como si esto fuese necesario para obtener una buena calificación como mujer. Minifaldas hechas con diez centímetros de tela, ombligos de fuera... ¡y qué trajes de baño, mostrando toda la retaguardia!, hay que tener cero celulitis. Con esta moda hay que verse superdelgada, para no ofender la vista de los demás y claro, hay que verse super joven también, cosa muy traumática para muchas.
Bueno, hay que cuidar la apariencia y tratar de mejorarla, eso es indiscutible, pero debe ser de acuerdo a nuestra edad. Es patético ver a muchas cuarentonas y hasta cincuentonas, disfrazadas de jovencitas. Pintadas como para carnaval, con unas minis que dejan ver lo que antes fueron piernas y hasta con escotes en los que los encantos del pasado, descendieron al abismo. El paso del tiempo debe significar un atesoramiento de experiencias y sabiduría, que solo se adquieren con los años. Hay que estar consciente y aceptarse tal como uno es, eso es señal de madurez. Una persona que no se acepta a sí misma ni a su edad, es una persona insatisfecha, nunca será feliz.
Para afrontar con éxito el paso del tiempo, es necesario un buen equilibrio entre lo interno y lo externo. De nada sirve tener una buena apariencia física y ser muy joven, si se tiene un corazón arrugado por la amargura. No hay tratamiento de belleza ni cirugía plástica que pueda corregir esto. Tenemos que aceptarnos a nosotras mismas, tal como somos y los demás también nos aceptarán. Una persona vale por lo que es, no por lo que aparenta ser, ni por lo que tenga, ni por lo que haga...Cada etapa de la vida tiene su encanto y hay que disfrutarla en plenitud. La juventud se lleva por dentro. Aunque pasen los años, si te sientes joven, ¡eres joven!, porque la verdadera juventud se lleva en el corazón.

Angélica García Sch.

Un día a la vez


"Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal"     Mateo 6:34

Siempre estamos diciendo que no debemos vivir en el pasado, que los recuerdos no gratos, las decepciones, las traiciones, hay que olvidarlas, dejarlas atrás y seguir adelante, que el hubiera no existe, que lo que pasó, pasó. Pero también el mañana es algo que trastorna la vida de muchas personas. ¿Qué pasaría si perdiera mi trabajo?, ¿cómo voy a pagar esto o lo otro...?, siempre mortificándonos por algo. No sabemos disfrutar la vida y no sabemos descansar en el Señor.
Hay que vivir un día a la vez, vivir el hoy. Y esto no significa ser irresponsable ante la vida, significa ser inteligente y tener verdadera confianza en el Dios que todo lo puede y que cuida de nosotros. Muchas enfermedades son causadas por el stress y las preocupaciones. Se dice que la mayoría de las enfermedades que existen el día de hoy, son psicosomáticas. Andamos como un automóvil que está acelerado, cuyo motor puede averiarse. No fuimos fabricados para llevar ese tipo de aceleramiento y todo el organismo se resiente. La ansiedad altera el ritmo cardíaco y produce úlceras e insomnio, pero principalmente oprime el espíritu.
Cuántas veces no hacemos un gran trabajo de planificación y las cosas no salen como esperábamos. Esto es porque no las hacemos en el tiempo de Dios, queremos que todo sea cuando nosotros pensamos que deben ser. Hay cosas que están fuera de nuestros límites, por más que nos esforcemos. Es un gasto de energía inútil. “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?" (Mateo 6:27)
Afligirse por un mañana que quizá nunca llegue es vano y esto no es ser fatalista, es la verdad, nadie de nosotros sabemos si mañana amaneceremos ¿y en qué gastamos nuestros últimos momentos? en preocuparnos, en afligirnos sin aprovechar nuestros últimos minutos. Por eso vivamos el hoy, porque mañana... no sabemos.
¿Cómo poder tomar el control de nuestra ansiedad? Dejando que Dios tome el control de nosotros, entregándoles todas nuestras incertidumbres, nuestros temores, nuestras necesidades en general. Solo así tendremos un verdadero descanso interior y a pesar de vivir en un mundo acelerado y desesperado, nosotros seguiremos a un ritmo tranquilo y favorable para nuestra salud física y paz espiritual. Es normal sentir ansiedad, es parte de nuestras debilidades humanas, los hijos de Dios no estamos exentos de sentirla, pero tenemos la ventaja que lo tenemos a El, para entregársela y El nos liberará de ella, a través de la confianza que tenemos en El.

"Echando sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros"    1 Pedro 5:7




Tercera edad, divino tesoro



"Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies" Proverbios 23:22

-¡Soy una vieja inútil, ya no sirvo para nada, no soy más que un estorbo!, exclamó la anciana al tirar torpemente su taza de té.
- Abuelita, no digas eso. Eres útil por el solo hecho de estar con nosotros- respondió el mayor de sus nietos, mientras se disponía  a limpiar lo derramado. A la abuela se le asomaron las lágrimas. Esa frase le había llegado al corazón. Ese jovencito había expresado en pocas palabras el sentido de su existencia. No supo qué decir, solo se quedó observándolo con ternura.
Como esta anciana, hay muchos hombres y mujeres, que llegados a la llamada tercera edad, se sienten inútiles, porque sus manos, se vuelven un poco torpes y porque ya no pueden realizar las tareas a las que estaban acostumbrados. Esto sucede sobretodo en aquellas personas que siempre fueron muy activas y cargaban con muchas responsabilidades y siempre se exigían demasiado a ellas mismas, aun a costa de su salud. Para ellas es muy difícil adaptarse a una vida más calmada, sin tanto trajín. Muchas abuelitas quieren intervenir en las tareas domésticas, para sentirse útiles, para no sentirse una carga. Hay que comprenderlas y no manifestar fastidio ante su lentitud. Hay que dejar que hagan lo que esté al alcance de sus posibilidades y nunca reprocharles si algo no les sale bien.
Es una vergüenza como algunas personas se expresan de los ancianos, despectivamente, como si ellos nunca fuesen a ser como ellos. Los ancianos somos nosotros mismos en pocos o muchos años más. No son seres de otra galaxia, son nuestros padres o los padres de nuestros padres, que merecen todo nuestro respeto. Existe una falta de respeto detestable hacia los ancianos hoy en día, hasta se hace burla de ellos en algunos programas de televisión. Gracias a Dios, que hay organizaciones que trabajan en pro de la tercera edad.
La Palabra de Dios dice: "Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor, yo Jehová" (Levítico 19:32) Este es un mandamiento de Dios, desconocido por muchos. Es una tristeza que los asilos estén llenos de ancianitos, cuyas familias los han desechado como muebles inservibles.
En este mundo que se ha vuelto tan insensible, es muy común escuchar, refiriéndose a un adulto mayor: "él ya vivió”... ¿es que llegar a la tercera edad significa ya estar muerto?, qué frase tan ridícula y además, cruel. Mucha gente ha llegado a realizar lo que más desearon en su vida, después de los sesenta. Algunos hijos les dicen a sus padres: "No se metan en mi vida, ustedes ya vivieron la suya"... ¿vivieron?, ¿es que acaso no están vivos aun? Qué insensatez las de algunos jóvenes, que no saben que algún día rendirán cuentas delante de Dios por estas cosas.
"Juventud divino tesoro" es una frase célebre de Rubén Darío, que expresa una gran verdad. La juventud es la etapa de la vida humana donde pensamos que nos podemos comer al mundo, que todo nos es posible. La juventud es un tesoro que se debe invertir muy bien, pues es un tesoro que un día, inevitablemente se va a perder. Pero la vejez también es un tesoro, que no se debe despreciar. Son los años preciosos acumulados, llenos de vivencias archivadas en el corazón y experiencias útiles para compartir y enseñar a los más jóvenes. La Palabra de Dios dice: "La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la hermosura de los ancianos es su vejez" (Proverbios 20:29) Para Dios, la tercera edad es hermosa.
Si eres una persona mayor, que se siente inútil por no poder hacer lo que hacías antes, no te desesperes ni te amargues por eso. Acéptalo como algo normal y dedícate a hacer lo que antes no podías hacer por falta de tiempo. No te exijas esfuerzos que no te son posibles. Dedícate a disfrutar de tus nietos, que es como tener a tus hijos chiquitos otra vez. Deléitate al contemplar una puesta de sol, una tarde de lluvia, el trinar de los pájaros, la lectura de un buen libro, en fin, tantas cosas que no habías tenido tiempo de hacer. Ya trabajaste, ya hiciste todo por tus hijos, ahora es tiempo de descansar de esos trabajos. Nunca te sientas un estorbo para tu familia. Recuerda que eres útil, solo por el hecho de estar junto a ellos.

"Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios"
1 Timoteo 5:4


sábado, 16 de febrero de 2013

Templados para alcanzar la victoria




La palabra templanza, proviene del latín "templar". Se dice que una persona tiene temple cuando puede resistir situaciones extremosas y permanecer ecuánime. Esto es comparado al proceso que sufren ciertos metales y cristales, cuando son sometidos a temperaturas extremas, con el fin de probar su fortaleza y mejorar sus propiedades. En Japón, los guerreros templan sus espadas, sometiéndolas más de quinientas veces del rojo incandescente, en el fuego, para después sumergirlas en una tinaja de agua helada. Si una espada resiste eso, puede resistir todo.
En muchas situaciones de nuestra vida, es puesta a prueba nuestra templanza. Somos espadas que estamos siendo expuestas al fuego y al agua fría con bastante regularidad. Muchas veces no pasamos la prueba, a causa de nuestro estado emocional. Cuando nos dejamos dominar por nuestras emociones, detenemos el proceso y hay que empezar de nuevo. Por eso algunas personas parece que siempre están pasando por pruebas y pruebas, tienen que seguir siendo templadas, porque aun no adquieren el punto justo espiritualmente.
Dios permite ciertas situaciones en nuestra vida para que aprendamos a controlar nuestras emociones, la templanza va de la mano con el dominio propio. Son dones del Espíritu Santo de Dios. Debemos aprender a controlar nuestras circunstancias, no dejar que las circunstancias nos controlen a nosotros. Para esto necesitamos tener templanza.
Para llegar a ser cristianos maduros, hemos de ser templados por la mano de Dios. Muchos caen en el proceso y se van, solo los que aguanten hasta el final, podrán obtener el pulido perfecto. El mayor ejemplo lo tenemos en nuestro Señor Jesús. El pasó por todo ese proceso como ser humano. Sufrió física y emocionalmente, soportó hasta el final y obtuvo la victoria en su resurrección.
Dios nos da la fuerza interior a través de la templanza. Necesitamos ser templados para obtener la fuerza, el valor, la comprensión, la compasión, el amor, etc. para servirle y para servir a otros. El no quiere cristianos blandengues, El quiere cristianos fuertes y valientes y la única manera de llegar a serlo es llegar hasta el final de la prueba.

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. 1 Pedro 4:12-13

Si te sientes solo




"Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé"  Josué 1:5 

 Según el diccionario, soledad es falta de compañía, pero la soledad es compañera invisible de muchas personas. La soledad se siente en el alma, en todos los sentidos. La falta de cariño es soledad; la falta de comprensión, es soledad; la ausencia del ser amado, es soledad...la nostalgia, el abandono, la traición, el rechazo, en fin, muchas circunstancias pueden hacer que nos sintamos solos.
La soledad es peligrosa. Muchas personas buscan refugio  en las adicciones a causa de sentirse solas y lo que es peor, pierden las ganas de vivir y pueden incluso, ocasionar su propia muerte. Antes se creía que únicamente las personas adultas se podían sentir  solas, pero en estos tiempos, en donde niños de hasta ocho años llegan a quitarse la vida, hay que pensar en qué terrible soledad viven también algunos pequeños. Pero, somos muy egoístas y vivimos solo auto compadeciéndonos, sin ver que a nuestro alrededor, hay más sufrimiento que el que pudiésemos soportar nosotros. Miremos hacia nuestro entorno, salgamos de dentro de nosotros mismos y echemos un vistazo afuera. Nos daremos cuenta de que, comparados con otros seres humanos, no somos tan desafortunados. Cuántos ancianos mueren solos en sus miserables viviendas, abandonados por los suyos, esa debe ser una de las soledades más terribles. La soledad, en ocasiones, es consecuencia del egoísmo de los demás.
Somos creados por Dios y El es fiel, no nos dejará ni nos desamparará, a pesar de que las circunstancias nos hagan pensar lo contrario a veces. Jesús dijo: "...Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20b), esta es una promesa y él cumple sus promesas, así es que, amigo o amiga que te sientes solo o sola, tu soledad no es tal. Ten fe, confía como el rey David, que dijo: "Aunque mi padre o mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá" (Salmos 27:10). Puede ser que estés sufriendo abandono de parte de alguien que tú querías, puede ser que tus padres te abandonaron o tus hijos o tu pareja, etc., si confías en Dios como David, ese sentimiento de soledad, desaparecerá.
Jesús mismo fue abandonado por sus discípulos, cuando la situación se tornó peligrosa, pero él declaró que no se quedaba solo, pues el Padre estaba con él. Hay que seguir su ejemplo y cuando parezca que la soledad nos quiere "hacer compañía", solo sintamos la presencia de Dios, que está a nuestro lado, porque con El nunca, nunca vamos a estar solos.

"He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo, mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo"   Juan 16:32

Se componen corazones rotos




El dolor ante la pérdida de un ser querido, las decepciones amorosas, 
las frustraciones, las traiciones, etc., pueden ser motivos para que nos 
sintamos con el corazón hecho trizas. No existe un lugar en este 
planeta donde podamos llevar a reparar un corazón averiado, pero sí 
existe un taller celestial, en donde trabaja el mejor Maestro del 
universo. El costo por compostura es absolutamente accesible, solo 
necesitas un poquito de fe, aunque sea del tamaño de una semilla de 
mostaza. Este Maestro se llama Jesús y conoce verdaderamente bien su 
trabajo. Su técnica es buscar cada fragmento y unirlo a los demás, 
sin dejar rastro de la rotura, solo él puede ser capaz de hacer este 
trabajo a la perfección. 
¿Está tu corazón en malas condiciones?, no dudes en llevarlo al 
mejor taller, allí te lo entregarán como nuevo. No esperes más, no 
te desanimes ni te lamentes, no te abandones ni te dejes sumir en la 
depresión. Tu caso tiene remedio, para este Maestro nada es imposible. 
Pero... tal vez no sepas cómo explicarle al Maestro tu problema. 
Bueno, en primer lugar, debo decirte que él ya lo sabe, sí, antes de 
que se lo digas, pero quiere que tú le cuentes cómo pasaron las 
cosas. Quiere que le demuestres tu confianza, porque si no existe 
confianza de tu parte, él no podrá hacer su trabajo. El no hace nada 
en contra de la voluntad de nadie, es todo un caballero. Entrégale tu 
corazón roto con toda confianza y verás los tremendos resultados. El 
tiene una gran disponibilidad para tratar cualquier caso, sin importar 
la magnitud del daño, ni la cantidad de corazones por reparar que le 
entreguen. Tiene millones de corazones que reparar todos los días y 
siempre se da a basto. 
¿Cuál es el secreto del éxito de este taller y su Maestro?...No es 
un taller ostentoso, que cuente con un equipo super moderno y con los 
últimos instrumentos para reparación, no. El secreto de su éxito 
radica en su única herramienta: el amor. Esta herramienta logra lo 
insospechable, su eficacia es absoluta y el Maestro es experto 
indiscutible en el uso de esta herramienta. 
Recuerda siempre esto: tú vales mucho para Dios, tanto que entregó a 
su propio Hijo por ti...¿darías tú la vida de tu hijo por 
alguien?...Un amor así no se compara a ningún otro. No importa si 
alguien te desprecia, no importa si alguien no te ama, no importa si 
alguien te traicionó, El se interesa en ti y Su amor siempre estará 
contigo.

“Vengan a mí los que están cansados o cargados, y yo los haré 
descansar" (Mateo 11:28)


viernes, 15 de febrero de 2013

¡Pobrecita yo!



Cuando iba a la secundaria, en el colegio había una profesora que siempre que alguna de las alumnas lloraba ante un regaño o una llamada de atención, le decía la "pobrecita yo". Según ella, eso era una manifestación de autocompasión, era decirse a una misma: "pobrecita yo, que me hacen sufrir, pobrecita yo, que estoy siendo atacada...". Las demás compañeras lo considerábamos humillante e injusto, pero al paso del tiempo y de las experiencias de la vida, una se va dando cuenta de que los mayores tenían razón.
Las mujeres fuimos hechas más sensibles que los hombres, nos dejamos llevar fácilmente por nuestras emociones. Pero si rebasamos los límites de nuestra sensibilidad natural, nos convertimos en mujeres susceptibles, vulnerables, aprehensivas o lo que se llama comúnmente, en personas sentidas, de esas que hay que tratar con pinzas. Se hacen difíciles las relaciones con personas así. Andan por la vida sintiéndose "pobrecita yo", sintiéndose atacadas ante la menor crítica o diferencia de opiniones. Tienden a exagerarlo todo, creen que el mundo está en su contra y todo lo toman como algo personal. Se quiebran la cabeza haciéndose conjeturas negativas respecto a lo que los demás piensan o dicen de ellas.
Todos somos susceptibles en mayor o menor grado, dependiendo de donde nos duela más. Cuando nos sentimos atacados en nuestros puntos débiles, nos ponemos a la defensiva. Generalmente todo tiene su origen en la infancia. Alguna experiencia traumática nos pudo haber dejado secuelas emocionales, que al ser removidas, nos lleva a la autocompasión, pero esto puede ser superado. En primer lugar, reconocer que se es una persona susceptible y tener el sincero deseo de dejar de serlo, porque esto nos causa daño. Debemos proponernos dejar de ver "moros con trinchete" por todos lados y no actuar siempre a la defensiva. No tomarnos todo tan a pecho, eso provoca stress. Aprender a aceptar que no siempre vamos a recibir la aprobación de los demás. Una buena sugerencia es escribir un diario, esto ayuda mucho a conocerse a sí mismo y a descubrir los porqués de nuestras reacciones. Pensar positivamente, erradicando de nuestra mente todo pensamiento negativo y destructivo. Convencernos de echar fuera a esa "pobrecita yo" que tenemos dentro para empezar a vivir una vida sin culpas, sin autocompasión ni malos pensamientos.

Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Salmo 27:1

miércoles, 6 de febrero de 2013

Guerra contra la ansiedad



El mal del momento, el stress, está provocando muchas enfermedades en
todo el mundo. Andamos como un automóvil que está acelerado, cuyo
motor puede averiarse. No fuimos fabricados para llevar ese tipo de
aceleramiento y todo el organismo se resiente.
La ansiedad, esa sensación que altera el ritmo cardíaco y produce
úlceras e insomnio, principalmente oprime el espíritu y lacera el
alma. ¿Cómo evitar la ansiedad si tienes tantos problemas? La ansiedad
es producto de nuestra mente, por lo tanto puede ser controlada,
mediante una transformación de tu pensamiento.
TIPOS DE ANSIEDAD
LA QUE SE ORIGINA EN EL PASADO:
Sentimientos de culpa, recuerdos ingratos, rencores, frustraciones,
traiciones, etc. Hay personas que no pueden olvidar, que no quieren
perdonar y que están llenas de amargura, lo cual no les permite
apreciar lo bueno que tienen en el presente. Permiten que lo malo de
ayer, siga causando daño hoy y controlando su vida, agriando su
carácter y por ende, su relación con los demás. Son los que comúnmente
llamamos amargados, a quienes nadie soporta.
Sentimientos de culpa, recuerdos ingratos, rencores, frustraciones,
traiciones, etc. Hay personas que no pueden olvidar, que no quieren
perdonar y que están llenas de amargura, lo cual no les permite
apreciar lo bueno que tienen en el presente. Permiten que lo malo de
ayer, siga causando daño hoy y controlando su vida, agriando su
carácter y por ende, su relación con los demás. Son los que comúnmente
llamamos amargados, a quienes nadie soporta.
LA QUE SE ORIGINA EN EL PRESENTE:
Es la ansiedad producida por las preocupaciones cotidianas, como pagar
las cuentas, relaciones conflictivas, exámenes, etc. Muchas personas
viven aceleradamente por falta de organización, lo cual provoca
ansiedad, igual que el dejar todo para mañana, la impuntualidad, en
fin, todo lo que hace que se acumulen las cosas y después viene la
desesperación. Los malos hábitos hacen que las cosas no salgan bien y
esto es terreno fértil para la ansiedad.
Es la ansiedad producida por las preocupaciones cotidianas, como pagar
las cuentas, relaciones conflictivas, exámenes, etc. Muchas personas
viven aceleradamente por falta de organización, lo cual provoca
ansiedad, igual que el dejar todo para mañana, la impuntualidad, en
fin, todo lo que hace que se acumulen las cosas y después viene la
desesperación. Los malos hábitos hacen que las cosas no salgan bien y
esto es terreno fértil para la ansiedad.
LA QUE SE ORIGINA EN LA ESPECULACION DEL FUTURO
Las incógnitas acerca del futuro, son motivo de ansiedad para muchas
personas. Se atormentan imaginando situaciones que quizá nunca
sucedan. Viven pensando en el mañana, sin vivir el hoy y así es todos
los días. Esa persona no está viviendo.
Las incógnitas acerca del futuro, son motivo de ansiedad para muchas
personas. Se atormentan imaginando situaciones que quizá nunca
sucedan. Viven pensando en el mañana, sin vivir el hoy y así es todos
los días. Esa persona no está viviendo.
¿Cómo poder tomar el control de nuestra ansiedad? Dejando que Dios
tome el control de nosotros. El tiene poder para "barrer" con toda la
basura acumulada a través de los años, en aquellos rincones ocultos de
nuestro corazón. Tiene poder para ayudarnos a corregir esos malos
hábitos que estorban en nuestro presente y confiando en El, podemos
tener una actitud positiva hacia el futuro.
Dios no nos promete una vida exenta de sufrimiento, pero nos ofrece
llevar sobre El nuestras cargas. Pero nos cuesta mucho entregárselas,
siempre pensamos en resolver todo por nosotros mismos, creyéndonos
autosuficientes. Y cuando fracasamos, nos llenamos de ansiedad.
Debemos reconocer nuestras limitaciones. Solo Dios puede ayudarnos a
controlar nuestras emociones y transformar nuestros pensamientos.
Confiando en plena quietud que El obra sobre todas las cosas, conforme
a su propio plan y sabiduría, no existirá ansiedad que altere nuestro
andar.
Cuentan que una niña viajaba por primera vez en avión. Su papá era el
piloto en ese vuelo. Era de noche y cruzaban el océano, cuando se
desencadenó una fuerte tormenta. La sobrecargo ajustó el cinturón de
seguridad de la pequeña y le explicó lo que estaba sucediendo. La niña
preguntó:
- ¿Mi papá está manejando el avión?
- Sí, él está al mando- respondió la sobrecargo. Entonces la niña
sonrió y tranquilamente se volvió a dormir.
Cuando Dios está en la cabina de mando y maneja los controles de
nuestra vida, podemos mantenernos en completa paz, aun si nos
encontramos en medio de una terrible tormenta. 

martes, 8 de enero de 2013

Tercera edad, divino tesoro



"Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies" Proverbios 23:22

-¡Soy una vieja inútil, ya no sirvo para nada, no soy más que un estorbo!, exclamó la anciana al tirar torpemente su taza de té.
- Abuelita, no digas eso. Eres útil por el solo hecho de estar con nosotros- respondió el mayor de sus nietos, mientras se disponía  a limpiar lo derramado. A la abuela se le asomaron las lágrimas. Esa frase le había llegado al corazón. Ese jovencito había expresado en pocas palabras el sentido de su existencia. No supo qué decir, solo se quedó observándolo con ternura.
Como esta anciana, hay muchos hombres y mujeres, que llegados a la llamada tercera edad, se sienten inútiles, porque sus manos, se vuelven un poco torpes y porque ya no pueden realizar las tareas a las que estaban acostumbrados. Esto sucede sobretodo en aquellas personas que siempre fueron muy activas y cargaban con muchas responsabilidades y siempre se exigían demasiado a ellas mismas, aun a costa de su salud. Para ellas es muy difícil adaptarse a una vida más calmada, sin tanto trajín. Muchas abuelitas quieren intervenir en las tareas domésticas, para sentirse útiles, para no sentirse una carga. Hay que comprenderlas y no manifestar fastidio ante su lentitud. Hay que dejar que hagan lo que esté al alcance de sus posibilidades y nunca reprocharles si algo no les sale bien.
Es una vergüenza como algunas personas se expresan de los ancianos, despectivamente, como si ellos nunca fuesen a ser como ellos. Los ancianos somos nosotros mismos en pocos o muchos años más. No son seres de otra galaxia, son nuestros padres o los padres de nuestros padres, que merecen todo nuestro respeto. Existe una falta de respeto detestable hacia los ancianos hoy en día, hasta se hace burla de ellos en algunos programas de televisión. Gracias a Dios, que hay organizaciones que trabajan en pro de la tercera edad.
La Palabra de Dios dice: "Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor, yo Jehová" (Levítico 19:32) Este es un mandamiento de Dios, desconocido por muchos. Es una tristeza que los asilos estén llenos de ancianitos, cuyas familias los han desechado como muebles inservibles.
En este mundo que se ha vuelto tan insensible, es muy común escuchar, refiriéndose a un adulto mayor: "él ya vivió”... ¿es que llegar a la tercera edad significa ya estar muerto?, qué frase tan ridícula y además, cruel. Mucha gente ha llegado a realizar lo que más desearon en su vida, después de los sesenta. Algunos hijos les dicen a sus padres: "No se metan en mi vida, ustedes ya vivieron la suya"... ¿vivieron?, ¿es que acaso no están vivos aun? Qué insensatez las de algunos jóvenes, que no saben que algún día rendirán cuentas delante de Dios por estas cosas.
"Juventud divino tesoro" es una frase célebre de Rubén Darío, que expresa una gran verdad. La juventud es la etapa de la vida humana donde pensamos que nos podemos comer al mundo, que todo nos es posible. La juventud es un tesoro que se debe invertir muy bien, pues es un tesoro que un día, inevitablemente se va a perder. Pero la vejez también es un tesoro, que no se debe despreciar. Son los años preciosos acumulados, llenos de vivencias archivadas en el corazón y experiencias útiles para compartir y enseñar a los más jóvenes. La Palabra de Dios dice: "La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la hermosura de los ancianos es su vejez" (Proverbios 20:29) Para Dios, la tercera edad es hermosa.
Si eres una persona mayor, que se siente inútil por no poder hacer lo que hacías antes, no te desesperes ni te amargues por eso. Acéptalo como algo normal y dedícate a hacer lo que antes no podías hacer por falta de tiempo. No te exijas esfuerzos que no te son posibles. Dedícate a disfrutar de tus nietos, que es como tener a tus hijos chiquitos otra vez. Deléitate al contemplar una puesta de sol, una tarde de lluvia, el trinar de los pájaros, la lectura de un buen libro, en fin, tantas cosas que no habías tenido tiempo de hacer. Ya trabajaste, ya hiciste todo por tus hijos, ahora es tiempo de descansar de esos trabajos. Nunca te sientas un estorbo para tu familia. Recuerda que eres útil, solo por el hecho de estar junto a ellos.

"Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios"
1 Timoteo 5:4

No encuentro trabajo



Hay muchas mujeres que pierden su trabajo o que después de diez años de casada, de repente se quedan solas porque el marido se fue o enviudaron y no habían trabajado nunca, no saben qué hacer. Para una mujer que dependía del marido, quedarse sola y con niños pequeños es una terrible situación. A veces no tienes tiempo ni de llorar, tienes que salir a buscar trabajo enseguida. Pero tienes mil cosas en la cabeza, ¿con quién dejo los niños?, ¿cómo me voy a organizar con mi tiempo?, ¿a qué horas voy a hacerles la comida?... Además, te encuentras con otro problema: llenas solicitudes y repartes curriculum como folletos de supermercado, pero pasan y pasan los días y no te llaman de ninguna parte. Te das cuenta de la trágica verdad, tienes más de cuarenta y las más jóvenes son las que se llevan tus oportunidades. ¿Qué hacer?, confías en el Señor, pero debes hacer algo, el dinero ya se te acaba y tu situación comienza a ser crítica. Empeñas cosas, pides prestado, pero esa no es la solución...
Si estás pasando por una situación así, no te desesperes. Si te desesperas no vas a poder pensar bien. Entrega tu carga al Señor, El te va a dar ese trabajo que necesitas, pero mientras tanto, en la práctica, te tienes que mover, tienes que hacer algo. El Señor está con nosotras en todo momento y la fuerza del amor por los hijos, nos da el impulso para salir adelante. Si los problemas económicos te están agobiando, puedes empezar haciendo algo por tu cuenta, mientras llega esa oportunidad que esperas. He aquí una lista de trabajos que podrías hacer, para ayudarte en tu economía:
Venta de manualidades, de bisutería hecha por ti misma
Venta de cosméticos
Venta de comidas preparadas
Venta de hamburguesas y hotdogs
Venta de gelatinas y flanes
Venta de paletas heladas
Repostería, pasteles de boda, cumpleaños, etc.
Coordinadora de fiestas (bodas, cumpleaños infantiles, etc.)
Corrección de textos (si tienes buena ortografía)
Si tienes auto, hacer compras de super para vecinas o amigas
Cuidar mascotas
Manicure
Poner inyecciones (si sabes)
Traducciones (si dominas otro idioma)
Costura
Tejidos
Limpieza de casas u oficinas por horas
Cuidar niños
Cuidado de ancianos
Trabajo de contabilidad en casa
Venta de sandwichs a escuelas
Nunca faltan oportunidades a quienes las buscan. Recuerda la historia de Rut, ella fue a recoger espigas, no se quedó sentada llorando su situación al perder a su marido. Dios te ha dado dos manos y la posibilidad de usarlas de mil maneras.

"Hace telas y vende, y da cintas al mercader. Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo porvenir Proverbios 31:14-15