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miércoles, 6 de abril de 2016

UN DÍA DE CAMPO, ADÁN Y EVA Y... OTRAS COSAS


Eran las once de la  mañana de ese domingo de mayo. Un sol radiante se dibujaba en el cielo y una brisa fresca acariciaba el panorama. La familia Cárdenas había planeado ir de día de campo después de la iglesia y el día estaba ideal. Terminando el culto, se dirigieron a la puerta del pequeño templo, se despidieron del pastor y de los demás hermanos y partieron felices y contentos.
En el camino, los tres niños de la familia amenizaban el viaje, cantando y haciendo bromas. El automóvil se desplazaba suavemente por el sendero bordeado de árboles, que formaban una especie de túnel de ramas y hojas sobre el vehículo, proporcionando una sombra acogedora. El lugar que habían escogido para el día de campo, estaba junto a un pequeño río, era un lugar muy hermoso y apacible, que invitaba al deleite, a la contemplación, lleno de árboles y flores, pero a los niños no les parecía eso de ninguna manera, porque cuando llegaron, se bajaron del auto e inmediatamente empezaron a corretear y a chapotear en el río muy divertidos.
-       Fue una buena idea traerles los trajes de baño- dijo Eugenia, la madre- la vez pasada llegaron a casa con toda la ropa mojada.
-       Sí, es imposible prohibirles que se metan al agua, si hasta a mí me dan ganas de chapotear- dijo riendo Simón, el padre.
-       Es un agua muy cristalina y fresca, qué limpia está, también el prado, las flores, todo se ve tan lindo, tan limpio, como que casi no ha sido tocado por pie humano. Se nota que este lugar está alejado de todo y que casi nadie lo conoce, así se mantiene tal como Dios lo hizo.
-       Así es, como Dios lo hizo, bello y limpio. Así también nos hizo a nosotros Eugenia, pero… ya conoces la historia…
-       Es verdad, todo lo hizo bien en su tiempo, pero el hombre donde pone su mano o su pie, lo echa todo a perder. Pero gracias a Dios que existen todavía lugares así para poder disfrutar de su maravillosa naturaleza.
-       Fue una casualidad encontrarlo aquella vez que nos perdimos, gracias a eso lo descubrimos y hemos podido venir a disfrutarlo unas cuantas veces.
-       Yo no creo que fuese una casualidad esposo mío. El Señor nos trajo aquella vez, Él nos guio hasta aquí, porque quería regalarnos este lugar para que lo disfrutáramos nosotros que somos sus hijos.
-       ¡Oh, si ha sido así, entonces es un regalo invaluable!
-       Y lo es. Me imagino que así fue el Edén de hermoso, qué gran disparate cometieron Adán y Eva al ceder a la tentación, ¿no pensaron en lo que podrían perder? ¡Lo tenían todo! Un lugar como éste que les brindaba toda clase de frutos para comer, un paisaje hermoso, no sufrían de frío ni de calor…
-       Sí mi reina, pero lo principal era que estaban cerca de Dios y podían hablar con Él, convivir con él, ¡imagínate! ¡qué gran privilegio! Eso era lo más importante.
-       Es verdad, esa fue la principal pérdida, la ruptura de su relación con Dios, la que heredó toda la humanidad. Pero gracias a Él por su misericordia, pues envió a Su Hijo para restablecer esa relación…
-       Mira todo lo que nos inspira decir un paisaje como éste.
-       Sí, esta paz y esta belleza no pueden más que recordarnos la obra perfecta del Creador, que a pesar de nuestra infidelidad, nos da todo lo que necesitamos y más.
-       ¡Alabado sea! ¡Gracias Señor por todas tus maravillas!- pero yo ya tengo hambre esposa mía, ¿no quieres sacar lo que preparaste de la canasta?
-       ¡Jajaja!, ¡tu estómago estorba a la reflexión marido mío! Está bien, llama a los niños- Eugenia puso el mantel sobre el pasto y empezó a acomodar platos y vasos y la exquisita comida que había preparado.
-       ¡Tengo mucha hambreee!- Llegó gritando Miguelito, seguido por su hermano David y Sarah, la más pequeña. Se sentaron todos juntos, dieron gracias por los alimentos y se dispusieron a disfrutar de la comida.
La madre había llevado fruta de postre, a David y  Sarah les gustaban mucho las uvas, así que se adueñaron de sendos racimos. A Miguel le agradaban más los duraznos y empezó a dar cuenta de uno grande y jugoso. De repente dijo:
-       Mamá, papá, ¿qué fruta era la que comieron Adán y Eva?, ¿era una manzana?
-       No Miguelito, la Biblia no especifica qué fruta era, en realidad eso no tiene importancia- respondió el padre.
-       Toda la gente dice que era una manzana, ¿por qué si la Biblia no lo dice?
-       La gente inventa muchas cosas hijo. A veces una persona dice algo que a ella le parece y otra lo repite y otra hace lo mismo y así se van formando los dichos, basados en afirmaciones que no son reales, sino que puras especulaciones de la gente.
-       Sí, se hace una cadena, ¡como el juego del teléfono descompuesto!
-       Así es hijo, exactamente.
-       ¿Y por qué dices que no tiene importancia la clase de fruta que era la que comieron Adán y Eva?
-       Porque así es Miguelito, lo importante es que era un fruto prohibido por Dios y ellos no le obedecieron, por eso tuvieron que irse del paraíso.
-       ¿Solo por comerse una fruta?
-       No, por el significado de comerse esa fruta. Significaba que ellos no habían obedecido a Dios, sino a la serpiente, que era el diablo disfrazado y por esto perdieron el derecho de permanecer en el Edén junto a Dios, porque se habían convertido en pecadores y Dios no puede convivir con el pecado.
-       ¡Ahh! Mami a veces nos prohíbe comer galletas antes de comer, entonces sí lo hacemos ¿nos echarán de la casa? – dijo el niño muy serio.
-       No Miguelito, cómo puedes pensar eso, no es lo mismo.
-       ¡Ya lo sé! ¡Jajaja! Solo estaba bromeando- entonces el padre se puso de pie y fingió que iba a atrapar al niño, Miguel también se puso de pie y comenzó a correr riendo y brincando, los otros niños hicieron lo mismo y padre e hijos corrieron por el prado riendo y persiguiéndose unos a otros. Eugenia los contemplaba divertida y por dentro daba gracias a Dios por tener una familia tan hermosa.
Fue una tarde inolvidable, pero había que volver a casa, el sol ya empezaba a ocultarse y se dispusieron a guardar todo. Allí se quedarían las risas de los niños brincando por las colinas y las huellas de sus piececitos marcadas en la arena del río. También quedarían flotando en el aire las reflexiones de aquellos padres, que en armoniosa charla recordaban el principio de la vida.

Los mejores momentos son los pasados en familia, en armonía, y sana diversión. Agradezcamos a Dios por cada uno de esos momentos.

Angélica García Sch.


¿QUÉ HACER ANTE UNA TRAICIÓN?


“Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 NVI

Era un viernes por la tarde y llovía. Elvira miraba las gotas de lluvia resbalar por su ventana, igual que por sus mejillas resbalaban sus lágrimas. No cabe duda de que todos estamos expuestos a sorpresas insospechadas en esta vida. Cuando el día anterior tocaron a la puerta y vio a aquellos policías preguntando por su marido, lo que menos se imaginó era que lo buscaban para llevárselo detenido y mucho menos por causa de su socio, al que ambos apreciaban mucho, pues pensaban que era una buena persona.
Había estado orando toda la noche, pidiéndole a Dios que se descubriera la verdad y dejaran de implicar a su marido injustamente en ese fraude, en el que no había tenido nada que ver. Había sido víctima del proceder deshonesto de su socio, quien se había ido al extranjero con todo el dinero de la empresa, dejándolo como único el culpable de estafar a muchísimos clientes. Elvira nunca antes había vivido algo así, se sentía terriblemente angustiada por su marido y también muy enojada con el causante de tal situación, sentía ganas de tenerlo enfrente para decirle lo que pensaba de él y ¡para clavarle las uñas en la cara! En esos momentos, no quería detenerse a reflexionar en lo que dice Dios en Su Palabra acerca de la venganza y el perdón. ¡Cómo iba a perdonar a ese canalla si el futuro de su marido, el suyo y el de sus hijos estaba a punto de derrumbarse!
Pasaron los días y finalmente su marido fue sentenciado. Elvira no podía evitar aborrecer con toda su alma a ese canalla que había defraudado a tanta gente y había mandado a un inocente a la cárcel, dejando a su familia desamparada. Elvira estaba llena de rencor, a medida de que pasaba el tiempo, se fue olvidando de Dios, fue perdiendo la fe y su corazón se fue llenando de amargura.

¿Alguna vez has sentido deseos de venganza en contra de alguien que te ha hecho daño o le ha hecho daño a alguno de tus seres queridos? Es normal y humano sentir enojo contra el abuso, la injusticia y la maldad, pero no podemos dejarnos dominar por ese sentimiento negativo. Tenemos que confiar en la justicia de Dios.
Sabemos que para los que amamos a Dios, todas las cosas obran para bien y sí, es muy difícil comprenderlo cuando se está viviendo una tragedia o una injusticia como la del caso de Elvira, pero Dios no miente y tarde o temprano nos daremos cuenta de que Él, en su sabiduría, permite ciertas cosas que en su momento nos parecen terribles, para enseñarnos algo o para cumplir sus propósitos o incluso para librarnos de algo peor.
“No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor.” (Romanos 12:19 NVI) Es muy sensato creer en esta promesa que Pablo les recuerda a los Romanos. Sabemos que la justicia del hombre falla, el hombre se equivoca, el hombre no puede ver lo que Dios ve, Dios sabe todo lo que pasa, no hay casos sin resolver para Él y no hay culpable que se quede sin sufrir las consecuencias de sus actos.
David tuvo muchos momentos de angustia durante su reinado, fue atacado, fue traicionado por uno de sus propios hijos, pero él siempre clamó a Dios y Dios siempre le respondió: “… pues me has librado de todas mis angustias, y mis ojos han visto la derrota de mis enemigos.” (Salmo 54:7 NVI) David siempre acudió con quien debía acudir en busca de ayuda y consuelo en los momentos difíciles. Sigamos su ejemplo y pongamos toda nuestra confianza en Dios cuando seamos traicionados o cuando seamos víctimas de una injusticia. El mismo Señor Jesús fue víctima de la traición, traición que lo llevó a la tortura y a la muerte, fue una injusticia muy grande la que se cometió con él, pero él soportó todo con mansedumbre y no se llenó de ira, sino que perdonó a sus verdugos y se puso en manos del Padre.
No permitamos que la ira y el rencor nos domine, porque esto nos aleja de Dios, tampoco nos dejemos vencer por la angustia, ni por la desesperación, sino que pongamos toda nuestra confianza en el que todo lo puede, porque si de veras creemos que Él todo lo puede, ¿qué nos puede preocupar?

“Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido.” 1 Juan 5:14


Angélica García Sch.

AL FIN QUE NADIE NOS VE



“Dios habrá de juzgar toda obra, buena o mala, junto con toda acción encubierta.” Eclesiastés 12:14

“Vayamos a prender estos cohetes, al fin que nadie nos ve”, dijo Miguel a su amiguito. Su padre le tenía prohibido jugar con fuegos artificiales, pero él los había comprado a escondidas, así que aprovechando que en ese momento no estaba y su madre estaba planchando arriba en la recámara, el pequeño instó a su amigo a ir al lote baldío detrás de su casa, para hacer lo prohibido. Salieron al patio y sigilosamente pusieron unas cajas de madera a modo de escalones, para llegar a lo alto de la barda y saltar hacia el otro lado, al lote baldío. Después entrarían por la puerta de la casa, diciendo que estaban “afuerita” y se les había cerrado la puerta. Lo tenían todo planeado y sonrieron prematuramente jactándose por burlar las órdenes del padre y lograr engañar a la madre.
Ya en el descampado, se prepararon para cometer su travesura. Miguel llevaba los cohetes en los bolsillos, su amigo llevaba cerillos y un encendedor. El primer cohete salió disparado por sobre una casa, el siguiente explotó en el suelo y solo hizo ruido. Pero el tercero… Miguel no se dio cuenta qué pasó, lo único que recuerda y que no olvidará durante toda su vida es aquel dolor terrible en sus manos. La travesura había terminado trágicamente y con sus respectivas consecuencias: Miguel ya jamás podría tener una movilidad normal en sus manos y jamás podría borrar esas horribles cicatrices.

Muchas veces de niños hicimos algo a escondidas de nuestros padres, algo que nos habían prohibido, así que no podíamos hacerlo enfrente de ellos, porque sabíamos que nos regañarían. Y también muchas veces nos fue peor, por ejemplo, cuando al tratar de alcanzar la caja galletas en la parte de arriba del estante, se cayó la silla donde nos habíamos encaramado y nosotros con ella, dándonos un buen golpe. Y aparte del regaño recibimos la consabida frase: “¿Ves?, ¡por desobedecer mira lo que te pasó! La desobediencia siempre traerá consecuencias. La desobediencia fue el primer pecado cometido por el hombre y le trajo consecuencias a la humanidad entera.
Quizá algunas veces, de niño, burlaste la vigilancia de tus padres y te saliste con la tuya. Quizá de adulto hayas alguna vez burlado la confianza que alguien ha puesto en ti y le hayas traicionado. Quizá alguna vez te hayan dado cambio de más en el supermercado y no dijiste nada, porque la cajera no se percató. Y así podríamos citar muchos ejemplos que son actos que desde niños nos acostumbramos a hacer, pensando que nadie se dio cuenta, que nadie nos vio.
¿Por qué olvidamos lo más muy importante?: Justamente Aquel que nos va a juzgar al final de nuestro camino es quien TODO LO VE. De niños nunca nos hubiéramos atrevido a hacer lo prohibido delante de nuestros padres, no podíamos permitir que nos vieran, porque no nos escaparíamos del castigo. ¿Por qué no tomamos en cuenta eso ahora, si sabemos que Dios tiene conocimiento de todo lo que hacemos y si obramos mal, Él nos disciplinará? ¿Necesitamos verlo físicamente para creer que nos está viendo? Eso sería falta de fe, decimos que creemos en quien no vemos y no lo vemos porque Él es espíritu (Juan 4:24a)
Dios es omnisciente, es decir que todo lo sabe y su omnisciencia debería ser motivo suficiente para pensarlo dos veces antes de hacer algo indebido. Así que cada vez que sintamos que estamos a punto de ceder a alguna tentación o hacer alguna diablura desagradable a los ojos de Dios, no pensemos: “al fin que nadie me ve” porque no es así. Dios nos ve de mañana, tarde y noche, en todo momento y porque nos ama, nos disciplinará si obramos mal: “porque el Señor disciplina al que ama, y azota a todo el que recibe como hijo.” (Hebreos 12:6 RVC)
Nada escapa a los ojos del Señor, así que si hay algo vergonzoso en tu vida que nadie sabe, arrepiéntete, porque ¡Dios sí lo sabe!
Angélica García Sch.



viernes, 29 de marzo de 2013

¿Con quién quieres quedar bien?


Muchas veces ocurre que queremos quedar bien con una persona, entonces procuramos hacer lo que es agradable a esa persona. Un empleado quiere quedar bien con su jefe, lo adula, porque le conviene, puede subirle el sueldo o hasta obtener un ascenso. Un alumno, quiere quedar bien con su profesor, pues le conviene para tener su preferencia y que lo pase de curso. Los hijos, cuando quieren obtener algo de sus padres, hacen algo, alguna labor doméstica o le lavan el auto al papá, para quedar bien y conseguir lo que quieren. Muchos padres, cuando ven tantas atenciones de parte de sus hijos, ya saben hacia dónde van y solo preguntan: "¿qué me vas a pedir?". El ser humano natural, es muy dado a estas acciones, a basar su comportamiento con las demás personas, según lo que pueda obtener de ellas.
Jesús nos enseñó a dar sin condiciones. El, durante toda su vida terrenal, siempre dio a todos, sin pensar obtener nada a cambio. El nunca hizo nada solo para quedar bien, sino que todo lo que hizo fue por amor al prójimo y por amor y obediencia al Padre. "El amor no hace nada indebido, no busca lo suyo...", dice 1 Corintios 13:5a. Esto es lo que también los cristianos debemos poner en primer lugar.
No busquemos quedar bien con las personas, solo por interés propio, si hacemos esto, puede que quedemos bien con los demás, pero quedamos mal con Dios, que es lo más importante. Jesús estuvo siempre recibiendo críticas, burlas, ataques, a pesar de no hacer más que el bien. Las cosas no han cambiado desde esos tiempos. Un cristiano que no sigue la corriente del mundo, sufre burlas, críticas, ataques en la escuela, en el trabajo y en cualquier lugar donde se encuentre rodeado de personas que no conocen a Dios. Por esto, muchos cristianos, andan de "incógnito" y no se atreven a decir lo que son. Para quedar bien con sus compañeros de escuela o trabajo, hasta participan en sus fiestas, toman y se comportan igual que ellos. Quedan bien con ellos, pero quedan muy mal con Dios.
Nuestras convicciones deben ser tan firmes que no nos dé temor declararlas. No necesitamos quedar bien con nadie, más que con Dios, nuestro Señor. Porque sabemos que estando bien con El, actuaremos correctamente. Buscando primero el reino de Dios, todo nos vendrá por añadidura. Y lo único que debemos hacer para quedar bien con Dios es obedecerle. El no quiere sacrificios, no quiere penitencias, no necesita nada de eso, lo que quiere de nosotros es obediencia. Si estamos en su camino, no nos salgamos por complacer a otros, para obtener lo que necesitamos. ¡El es el proveedor de todas las cosas!
No hay nada que podamos hacer, para "ganarnos" a Dios tal como nos ganamos al jefe para conseguir un ascenso. Solo quedaremos bien con Dios, siguiendo la ruta del amor y la obediencia, es decir, siguiendo las huellas de su amado Hijo Jesucristo.

Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones. Santiago 4:3

Angélica García Sch.




Comprometete sin temor


¿A qué edad madura una persona? No se puede precisar una edad exacta, algunos maduran muy jóvenes, otros maduran cuando ya están mayorcitos y otros ¡no maduran nunca! La mayoría de edad no es garantía de madurez. A veces las circunstancias de la vida, hacen madurar muy jóvenes a algunas personas. Hay menores de edad que tienen que enfrentarse a circunstancias que corresponden a un adulto, en cambio hay jóvenes adultos y hasta adultos bastante adultos, que la vida les ha sido fácil, han recibido y siguen recibiendo todo de sus padres y esto les ha significado un estorbo para madurar. Otros no quieren madurar a propósito, padecen el famoso síndrome de Peter Pan. Ellos quieren seguir siendo niños por dentro, eluden las responsabilidades y solo quieren pasarla bien.
En el cristiano, también existen etapas de crecimiento espiritual. La madurez espiritual tampoco se mide en tiempos exactos. No porque una persona asista a la iglesia desde hace veinte años, quiere decir que sea un cristiano maduro. Si esa persona asiste los domingos a la iglesia y entre semana, no lee la Biblia, no ora y participa en actividades mundanas, esa persona, aunque lleve veinte años asistiendo a la iglesia, no ha crecido espiritualmente y se encuentra como el primer día en que pisó el templo. En cambio, otros cristianos, con mucho menos tiempo en la iglesia, pero que se alimentan a diario con la Palabra, que oran, que han renunciado de corazón al mundo, que quieren servir al Señor, alcanzan la madurez en poco tiempo.
Hay muchas personas que diciéndose creyentes, eluden el compromiso con Dios, por no sentirse capaces de cumplir. Esto es un obstáculo para alcanzar la madurez espiritual. Pero el error está en confiar en la propia persona para cumplir con ese compromiso. Cuando realmente queremos comprometernos con Dios, pero tememos fallarle, ¿a quién acudir sino a El mismo, para pedirle ayuda? No temamos el compromiso, porque tenemos una columna muy fuerte e indestructible en quien apoyarnos. Si nos llevamos toda nuestra vida cristiana, eludiendo el compromiso, nunca maduraremos.
Un cristiano inmaduro está en constante peligro de caer en falsas doctrinas, las cuales abundan en estos días. Es un niño zarandeado por las olas y llevado de aquí para allá, por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas, como dice Efesios 4:14. Fácilmente puede ser engañado por líderes de sectas y falsos profetas.
El alimento es esencial para crecer en estatura y salud física, en el ser humano. Igualmente la estatura y la salud espiritual, se alcanzan con alimento espiritual, que es la Palabra de Dios.
Nuestro Dios, es un Dios de pactos. Establecer un pacto, requiere compromiso de parte de todas las personas que están involucradas en ese pacto. Todos los creyentes tenemos un compromiso con Jesús, porque hemos sido lavados con su sangre, la sangre del nuevo pacto, que fue derramada por la remisión de nuestros pecados. El apóstol Pablo dice, en Gálatas 3:15, que un pacto, aunque sea hecho entre hombres, una vez ratificado, jamás debe ser anulado, ni se le debe añadir nada. A veces, añadimos cosas según nuestra conveniencia, a ese pacto con Jesús y también las quitamos. Debemos ser fieles a ese pacto, así como El es fiel. La fidelidad es muestra de madurez, sinceridad y honestidad.
No temamos comprometernos con Dios, si nos ponemos en Sus manos, El mismo nos ayudará a cumplir con nuestra parte del pacto.

Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.    Isaías 5:10

Angélica García Sch.





Como diamantes



 El diamante es la más valiosa, la más brillante y la más dura de las piedras preciosas. Los diamantes son altamente cotizados en el mundo entero y algunas piezas pueden alcanzar precios estratosféricos. Pero hace falta un proceso para que un diamante llegue a convertirse en tan preciada joya, ya que originalmente es carbono cristalizado en bruto. Necesita ser sometido a un proceso de limpieza y pulido hecho por expertos.
Al igual que los diamantes, los cristianos debemos ser sometidos a un proceso de pulido cuando llegamos a los pies del Señor. Estamos llenos de impurezas, sin brillo, sucios. Tal como el artesano toma en sus manos la piedra en bruto y no la deja hasta verla convertida en un precioso diamante, en la vida cristiana tenemos al artesano de los artesanos, el Señor Jesucristo, quien es el mejor experto en transformar seres humanos en bruto, en piedras preciosas para Dios. Mientras más nos entreguemos a El, más pronto empezaremos a brillar como diamantes.
El proceso de pulido en el cristiano significa dejarse perfeccionar como Jesús. "El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo", dice Filipenses 1:6b. Debemos entregarnos en las manos de Dios para que El realice Su obra en nosotros, sin resistirnos.
Algunos cristianos tal vez necesiten un pulido más recio, pero debemos aceptar la disciplina del Señor cuando sea necesaria, sin flaquear. Es un privilegio de los hijos de Dios, que no todos pueden comprender. Mientras más nos pula el Señor, más brillaremos.
La brillantez de un diamante se debe a su alto poder dispersivo que descompone la luz que lo atraviesa. Cristo es la luz del mundo, quienes tenemos a Cristo, debemos ser también luz y reflejarla en nuestras vidas, como un diamante, dispersándola hacia todos aquellos que viven en la oscuridad, difundiendo Su Palabra porque Su Palabra es luz.
Otra propiedad del diamante es su dureza. No puede ser cortado ni rayado por ninguna otra piedra. Solo puede labrarse usando su propio polvo. Tampoco puede ser disuelto por ningún agente químico. Los cristianos debemos ser tan duros como los diamantes en nuestras convicciones. Nuestra fe no debe titubear ante ninguna otra doctrina. Nuestra doctrina es la de Jesucristo y El es nuestro único mediador ante Dios Padre. Nos debemos mantener firmes y no dejarnos "diluir" ni por las adversidades de la vida, ni por falsas doctrinas.
Las formas de talla más utilizadas en los diamantes son la brillante y la rosa, seguida de la rectangular y la ovalada. La forma más brillante se compone de dos pirámides truncadas, unidas en sus bases. La talla rosa, consta de una sola pirámide. La talla brillante eleva al máximo el valor del diamante, pero implica sacrificar una parte considerable de piedra en bruto. Asimismo los cristianos debemos deshacernos de nuestro ego, que a veces es muy grande, para dejar que sea el Señor quien tome la dirección de nuestras vidas y nos vaya refinando hasta que alcancemos el máximo brillo. Es preciso que El quite el viejo hombre para que salga a relucir el nuevo.
La meta de todo cristiano está plasmada en Efesios 4:13, que dice: "Hasta que todos lleguemos a la unidad de fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo". Someternos al proceso de perfeccionamiento que Jesús nos ofrece, nos garantiza alcanzar el brillo de eternidad y relucir como diamantes preciosos para nuestro Dios.

"Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor"  2 Corintios 3:18


Angélica García Sch.


A solas con El


 Cuando estamos a solas con el Señor, en oración o meditación, ¿qué sucede en nuestro interior? Hay paz, hay recogimiento, hay confianza. Meditar en El, produce fortaleza, cercanía, nos involucramos con El y lo comprendemos mejor, porque nuestro discernimiento se agudiza, podemos pensar como El. Al estar a solas y en contacto con Dios, podemos oír Su voz y saber lo que El quiere de rostros. Nunca podremos oír la voz de Dios, si estamos inmersos en los afanes del mundo.
Es necesario apartar un tiempo para la meditación. Hay tantas cosas que quisiéramos que Dios nos respondiera, pero a veces pensamos que El no tiene respuesta para nuestras inquietudes. Pero, somos nosotros, los que nos apartamos tanto, que no alcanzamos a escuchar lo que El quiere decirnos. Tapamos nuestros oídos espirituales con el bullicio del mundo, lo cual imposibilita escuchar la voz de Dios. Meditar en Dios es concentrarse en El, dejando de lado todo lo demás. De esta manera El nos podrá dirigir y alentar, cuando le pongamos atención.
Acercarnos a Dios en meditación, es más que tener unos momentos de calma. Al involucrarnos más con Dios y pedirle Su dirección, El nos toma en Sus brazos, nos enseña, nos guía, nos aconseja, nos da luz para entenderlo mejor, así como un padre que sienta a su pequeño hijo en sus rodillas y le explica las cosas de la vida. Meditando en Su Palabra nos damos cuenta de lo que es de El y de lo que no lo es. Sabemos lo que le agrada y lo que le desagrada, podemos ver las cosas como El las ve. Nuestra confianza aumenta y las bases de nuestra esperanza se solidifican. Experimentamos la fuerza y el poder de Su Santo Espíritu en nuestro ser.
La meditación comienza con la lectura de la Palabra de Dios, esto hace que nuestra relación con El se estreche más. El nos habla a través de las Escrituras. La Biblia es una extensa carta dictada por Dios, llena de buenos consejos, de advertencias, de historia, de poesía, de sabiduría, pero sobretodo de amor. Al leerla recibimos su mensaje y al meditarla, éste penetra en nuestro corazón y pasa a formar parte de nuestra vida misma. Además, nosotros podemos comunicar al Señor, lo que pensamos, lo que sentimos, podemos manifestarle nuestras dudas, nuestras indecisiones. Su Palabra nos aclara muchas dudas, por eso debemos conocerla bien.
El Espíritu de Dios actúa en nosotros tomando lo que Dios quiere decirnos y lo introduce en nuestro espíritu. David es un ejemplo indiscutible de lo que es la meditación en Dios. El enfocaba su mente y espíritu en Jehová, lo que dio origen a los preciosos Salmos que todos conocemos. El apartaba tiempo para esto, se "desconectaba" de sus tantas actividades como rey y se entregaba a la meditación en su Señor. Esos momentos a solas con El, fueron lo más valioso que tuvo en todo su reinado.
Meditar en el Señor, nos ayuda a tener una percepción más clara de Su presencia en nuestras vidas. Nos ayuda a  descansar en El, a confiar en El en todos los aspectos, como lo hizo el rey David. Al conocerlo tan íntimamente, podemos saber qué es lo que pasa dentro de nosotros, cuando externamente parece no haber ninguna explicación. Estar a solas con El, constituye el tranquilizante más poderoso y eficaz, que la ciencia nunca llegará a poder crear.

"En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré"   Salmos 145:5

Angélica García Sch.

sábado, 16 de febrero de 2013

Templados para alcanzar la victoria




La palabra templanza, proviene del latín "templar". Se dice que una persona tiene temple cuando puede resistir situaciones extremosas y permanecer ecuánime. Esto es comparado al proceso que sufren ciertos metales y cristales, cuando son sometidos a temperaturas extremas, con el fin de probar su fortaleza y mejorar sus propiedades. En Japón, los guerreros templan sus espadas, sometiéndolas más de quinientas veces del rojo incandescente, en el fuego, para después sumergirlas en una tinaja de agua helada. Si una espada resiste eso, puede resistir todo.
En muchas situaciones de nuestra vida, es puesta a prueba nuestra templanza. Somos espadas que estamos siendo expuestas al fuego y al agua fría con bastante regularidad. Muchas veces no pasamos la prueba, a causa de nuestro estado emocional. Cuando nos dejamos dominar por nuestras emociones, detenemos el proceso y hay que empezar de nuevo. Por eso algunas personas parece que siempre están pasando por pruebas y pruebas, tienen que seguir siendo templadas, porque aun no adquieren el punto justo espiritualmente.
Dios permite ciertas situaciones en nuestra vida para que aprendamos a controlar nuestras emociones, la templanza va de la mano con el dominio propio. Son dones del Espíritu Santo de Dios. Debemos aprender a controlar nuestras circunstancias, no dejar que las circunstancias nos controlen a nosotros. Para esto necesitamos tener templanza.
Para llegar a ser cristianos maduros, hemos de ser templados por la mano de Dios. Muchos caen en el proceso y se van, solo los que aguanten hasta el final, podrán obtener el pulido perfecto. El mayor ejemplo lo tenemos en nuestro Señor Jesús. El pasó por todo ese proceso como ser humano. Sufrió física y emocionalmente, soportó hasta el final y obtuvo la victoria en su resurrección.
Dios nos da la fuerza interior a través de la templanza. Necesitamos ser templados para obtener la fuerza, el valor, la comprensión, la compasión, el amor, etc. para servirle y para servir a otros. El no quiere cristianos blandengues, El quiere cristianos fuertes y valientes y la única manera de llegar a serlo es llegar hasta el final de la prueba.

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. 1 Pedro 4:12-13

Sabiduría para tener sabiduría




Un día un hombre hablando con Dios, le decía:
- Señor, mi hijo es un rebelde, no me respeta, es insolente conmigo. Yo te ruego que hagas que me respete. Está creciendo y ya casi ha dejado de ser un niño, mientras más grande esté, más difícil me será controlarlo...- El hombre se quedó pensado unos momentos y luego continuó- ...Pero yo sé que tú Señor no obligas a nadie a hacer lo que no quiere...- Se quedó pensando nuevamente y prosiguió- ...Este muchachito no tiene disponibilidad para cambiar Señor...Entonces...¿para qué te estoy pidiendo esto?...¡en vano te lo pido!-  Volvió a quedarse pensativo, reflexionando, haciéndose mil conjeturas y por fin continuó:
- Pero tu Palabra dice: "Si permanecéis en mi y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho" (Juan 15:7) ¡Señor, yo te he sido fiel, he permanecido como dice tu Palabra y de acuerdo a ella...tú dices que todo lo que te pida, tú lo harás!...- Se quedó meditando en lo que acababa de decir...Continuó:
- ¡Oh Señor, pero no querrás pasar por sobre la voluntad de mi hijo!... ¡Es inútil estar pidiéndote esto! ¿Qué voy a hacer?, se lamentó. El Señor lo escuchaba con su infinita paciencia. Sabía que el corazón de aquel hombre estaba muy atribulado a causa de la rebeldía de su hijo y que su desaliento no se debía a falta de fe, sino a la confusión que él mismo se había provocado en su cabeza. Esperó a que el hombre se calmara un poco y le dijo:
- Hijo mío, en vano te afliges tratando de entender mi mente. El hombre respondió:
- ¡Oh Señor!, ¿pero cómo harás que mi hijo cambie si no quiere hacerlo?
- Tu parte es pedir, mi parte es conceder, pero no sabes hacer bien tu parte...
- ¿Cómo debo pedirte Señor? Lo que te pido lo hago en el nombre de tu Hijo Jesucristo, como debe ser. Pero eso no es el problema, el problema es que tú no obras por encima del libre albedrío de las personas y por eso no estoy seguro de que me concedas mi petición, porque si este muchacho no quiere ser diferente, tú no....
- ¡Ya, ya hombre, te confundes a ti mismo! Es cierto que yo respeto el libre albedrío de los hombres y no los obligo a nada. No voy a actuar en contra de la voluntad de tu hijo, si él no está dispuesto a cambiar. Pero si él me lo pide, yo lo haré...
- ¿Ya ves Señor, eso es lo que me mortifica, él no tiene la menor intención de cambiar, le gusta ser así, insolente, atrevido...como ve en las películas de adolescentes...¿qué haré Señor, qué haré?- el hombre repetía angustiado.
- Pedirme lo que quieres, de otra manera. Pide por ti, no por tu hijo. Yo puedo obrar en la vida de tu hijo a través de ti. Pídeme sabiduría hijo, sabiduría para tratar con tu hijo y ganarte su respeto. Sabiduría para que tus palabras lleguen al corazón de tu hijo. Sabiduría para ganarte su admiración. Los hombres respetan a quienes admiran.
El hombre ya no siguió tratando de entender a Dios, solo confió en El y le pidió esa sabiduría que tanta falta le hacía. Comprendió que es vano tratar de litigar con Dios y que debía callar para oír Su voz, en lugar de pensar con Su mente, lo cual es lo más absurdo que podemos hacer.

¿Cuántas veces has especulado acerca de lo que pensará o hará Dios sobre tus peticiones? Dejémoslo hacer, El sabe qué y cómo hacerlo. No tratemos de "pensar por El". Nuestra mente nunca podrá alcanzar sus pensamientos. Nos afanemos, solo confiemos en El y en Su sabiduría.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:9