martes, 8 de enero de 2013

La importancia de un abrazo



Hay muchas familias que no acostumbran expresarse con el contacto
físico. No se abrazan, no se besan, no se tocan, simplemente. Así son
los padres y así serán los hijos. Muchas veces, esos hijos al crecer,
sienten el impulso de abrazar al amigo, al compañero de trabajo, en
fin, tienen deseos de expresar sus sentimientos, pero se sienten
reprimidos, no pueden hacerlo porque no los acostumbraron así. He
conocido personas, que solo hasta que viven una situación traumática,
pueden demostrar sus sentimientos delante de los demás. Por lo general
pensamos que son personas orgullosas, las que son de esta manera, pero
no es así, solo no les enseñaron a manifestar sus emociones. Esto
sucede a menudo con los hombres que han tenido un padre machista, quien
los ha reprimido desde niños y les ha enseñado la ridiculez de que
los hombres no lloran, los hombres no abrazan etc. Cuánta
equivocación cometen esos padres, ningún hombre deja de ser hombre al
abrazar a un hermano, a un amigo, al contrario, las manifestaciones de
cariño, hacen a un hombre más ser humano. Los italianos, por ejemplo
se saludan de beso, ¡ni pensar que en nuestros países hispanos pueda
suceder esto! Inmediatamente tildaríamos a estos hombres de "raros".
La sociedad misma ha establecido que seamos más reprimidos los
latinos. Creo que esto es producto de una mente muy "cochambrosa", como
dicen en México, una mente sucia en una palabra. ¿Qué hacen la
mayoría de las madres cuando su bebé empieza a explorar su cuerpecito
por primera vez y se toca sus genitales?... ¡No ahí no!, le dicen
espantadas, como si el bebé fuera a hacerlo con malicia. La malicia
está en la mente de los adultos, un bebé no tiene vergüenza de su
cuerpo ni de tocar, como la tenemos los grandes. Así nacemos y así
nos hizo Dios, en ese estado de inocencia que al crecer perdemos y nos
llenamos de prejuicios. ¿La razón?: el pecado. Adán y Eva eran
totalmente inocentes antes de que pecaran, no tenían vergüenza de su
desnudez. Por eso el Señor nos dice que debemos recibir como niños el
reino de los cielos (v. Lucas 18:17). En la última cena, el evangelio
nos ilustra la escena en que Juan recostó la cabeza cerca del pecho
del Señor (v. Juan13:23). No había malicia en este acto, porque ambos
podían demostrarse su afecto, sin temor a malas interpretaciones,
puesto que sus mentes estaban lejos del pecado. Tenemos también las
demostraciones de afecto de David y Jonatan (v.1 Samuel 20:41),
quienes aun siendo hombres, no ocultaban su amor de hermanos...
Es muy importante enseñar a los hijos, tanto niñas, como varoncitos,
a expresar sus sentimientos, a abrazarse, a besarse, a tocar con amor y
sin miedo a sus seres queridos. Así, al ser adultos, serán personas
más alegres, más abiertas, sin prejuicios tontos. Tendrán mayor
posibilidad de tener matrimonios felices y duraderos, porque tendrán
mejor comunicación con su pareja. No tengamos temor de abrazar a
alguien, no es nada del otro mundo, ni nada vergonzoso. Un abrazo pude
curar heridas del pasado. Cuántas veces, el hijo que vuelve después
de muchos años de ausencia, borra toda esa indiferencia hacia sus
padres, con un solo abrazo. En nuestras iglesias es costumbre que los
miembros nos abracemos ¡y cómo no, si esto es lo más grato a los
ojos de Dios! 

No hay comentarios:

Publicar un comentario